viernes, 12 de marzo de 2010

La política de masas


Las nuevas fuerzas gobernantes que Lázaro Cárdenas encabezaba sabían que el ascenso de la lucha de clases era inevitable y. consideraban nece­sario reencauzar el movimiento de las masas obreras y campesinas, con­quistando su apoyo y orientado sus luchas de modo tal que fortalecieran al Estado, dándole a éste un poder que podría utilizar para impulsar el desarrollo industrial del país. La destrucción del latifundismo y la transformación de la vieja estructura del campo, dinamizándola, inscribiéndola en la era de la mecanización y del imperio de las relaciones capitalistas; la renovación y el impulso a la industria, obligando a los burgueses a quebrar sus métodos anacrónicos de súper explotación de la clase obrera hasta el agotamiento, eran objetivos que el Estado solo no era capaz de llevar a cabo, sin provocar graves conflictos sociales que bien podrían hacer tambalear y abrir cuarteadoras en el régimen social y político que se estaba construyendo.

El Estado carecía de una base social propia, pues la clase capitalista aún no identificaba con plenitud sus intereses con los gubernamentales, pero el concurso de las masas sería, justamente, lo que le permitiría imponerse y realizar sus tareas.

Para lograr lo anterior, Cárdenas, como nuevo representante del Estado, asumió una política que además de reivindicar la conciliación de las clases y la concesión de reformas sociales a los trabajadores y a los campesinos, adquirió cualidades específicas que le dieron un carácter nuevo y la dife­renciaron de la que hasta entonces habían venido desarrollando los círcu­los gobernantes. Esta política hemos decidido denominarla política de masas, pues apela a éstas y provoca su movilización.

Si bien la política de masas se desarrollaría, necesariamente, indepen­dientemente de la persona que ocupara la presidencia, es indudable que las características personales y el particular estilo de gobernar que distin­guieron a Cárdenas fueron decisivos en el restablecimiento de las relacio­nes entre el Estado y las masas trabajadoras. Su carácter austero, firme y lleno de paciencia; su fortaleza y dedicación al trabajo; la sencillez de su vida y su igualitarismo, constituyeron la llave que le permitió acercarse a las masas, entablando con ellas una nueva relación de aparente igual­dad. Fue muy importante su orden de que el telégrafo dedicara una hora diaria, libre de costo, a trans­mitir las quejas y opiniones de los campesinos y demás trabajadores. Tales medidas tuvieron gran repercusión, pues la imagen austera que ofrecieron del general Cárdenas se propagó por todos los rincones del país y con­quistó muchas simpatías entre los más diversos sectores sociales. La imagen de Cárdenas fue aceptada y admirada por las masas de obreros y cam­pesinos, quienes la diferenciarían de la tradicionalmente ofrecida por todos los políticos.

Lo que más permitió a Cárdenas ligarse a las masas fueron sus cons­tantes giras, mediante las cuales visitó hasta los lugares más lejanos e ignorados del país. Cárdenas fue en busca de las masas y se vinculó estre­chamente con ellas. Su gira electoral, y las que realizó durante todo su gobierno, eran consideradas como un medio para conocer personalmente las condiciones de vida y las necesidades del pueblo, para estudiar los problemas de cada región y la forma de resolverlos.1 Durante sus giras, y también en la ciudad de México, escuchaba pacientemente, durante horas, a los trabajadores, a los campesinos, a los pequeños propietarios, etcétera, quienes le planteaban sus problemas y sus quejas. "Tienen tantas necesidades -decía Cárdenas--, les hacen falta tantas cosas, que cuando menos puedo escucharlos con paciencia." Cárdenas les daba consejos o les prometía cumplir sus demandas. Las giras también tenían por objeto "educar al pueblo" para lograr su cooperación. Enseñaban a las masas "la idea precisa sobre sus derechos y obligaciones", aunque algunos pien­san que lo que hacía Cárdenas era vigilar personalmente el cumplimiento de sus decisiones e incluso controlar a los jefes locales hablar, que no los reprimía y los estimulaba a luchar para conseguir sus reivindicaciones. Esta política le permitió a Cárdenas obtener un gran apoyo y la posibilidad de controlar a las amplias masas de obreros y cam­pesinos. Con ella Cárdenas fue echando "raíces propias", fue cimentando su autoridad y su poder, consiguiendo la fuerza suficiente para laborar por el logro del objetivo nodal que el Estado se había asignado, esto es: la industrialización del país, con todas las consecuencias que ello im­plicaba.

La política de masas de Cárdenas tenía una perspectiva nacional; él la representaba, mas no fue el único que la puso en práctica, sino que sus métodos políticos los llevaron a todas partes y los impuso a todos los funcionarios y gobernantes. Su estilo de gobernar lo definió el propio Cárdenas en los términos siguientes:

Para hacer que la justicia de la revolución llegue a todos los rincones del país, para dar atención a los problemas ingentes de nuestras masas, es precisa una nueva orientación en los servicios públicos; que los téc­nicos, que los intelectuales revolucionarios, se dediquen en sus gabi­netes al estudio de las cuestiones que les sean sometidas, pero que las autoridades ejecutivas, desde el presidente de la república y los gober­nantes de los estados hasta el más humilde presidente municipal, reco­rran constantemente las regiones encomendadas a su responsabilidad según sea su jurisdicción; que atiendan las peticiones de las colectivi­dades de los ciudadanos, y que de esta manera sea como los encarga­dos del poder vayan a resolver los problemas que se presenten, con­quistando la cooperación popular e impartiendo justicia. Sólo así podrá realizarse el vasto programa que la revolución nos ha encomendado.

De esta manera, reivindicó como fundamental el contacto directo, físi­co, con los trabajadores y los campesinos. Para esto se requería que los funcionarios del gobierno se convirtieran en una especie de líderes de masas, y para ligarse a ellas las fueran a buscar en sus centros de trabajo, en las regiones que habitaban, con el propósito de enterarse directamente de sus problemas y necesidades. Así, al vincularse de un modo estrecho con las masas, al entablar una relación permanente con ellas, tendrían los funcionarios posibilidad de encauzarlas por los senderos institucionales, de controlarlas y regular sus luchas, apagando sus ímpetus rebeldes y con­quistando una base social de apoyo. El estilo cardenista invadió al país y los gobernadores y candidatos a gobernadores o a diputados se vieron obligados a seguir los nuevos métodos políticos.

Cárdenas desplegó por todo el país una inmensa campaña de propa­ganda destinada a impulsar la organización, la unificación y la disciplina de los obreros y campesinos. En todos los centros de trabajo que visitó, en todos los mítines en los que habló ante los trabajadores, insistió una y otra vez, hasta el cansancio, en la necesidad de que se organizaran. Ésta sería una preocupación trascendental del presidente, y la consigna de la organización se volvería obsesiva, lo que conduciría a Cárdenas a convertirse en el propagandista más importante y en el máximo promotor de la organización de las masas trabajadoras.

Uno de los argumentos centrales que Cárdenas utilizó para justificar su consigna de la organización es que los trabajadores podrían luchar más coherentemente por sus reivindicaciones económicas si unían sus esfuer­zos y centralizaban su acción, si se organizaban.

Por medio de la sindicalización y de la unificación decía, se harán efectivas las ventajas conquistadas por el trabajador en la forma del salario mínimo, de habitaciones higiénicas, de indemnizaciones y se­guros y los trabajadores podrían resolver sus problemas políticos, económicos e incluso educativos. De esta manera, Cárdenas apelaba a la organización como un método para colocar a los trabajadores en condiciones de enfren­tarse a los patrones y exigirles reivindicaciones económicas, haciendo suya una exigencia que las masas mismas ya estaban realizando. Pero no sólo planteaba y promovía Cárdenas la organización de los trabajadores y cam­pesinos en sindicatos o ligas agrarias, sino que su objetivo era la unificación completa de los obreros y de los campesinos. Criticaba las pugnas ínter gremiales que surgían entre los obreros y las denunciaba como "estériles y criminales", señalando que esos conflictos eran, aprovechados por los patrones. La organización necesitaba desembocar en la unificación, en la integración del frente único de todos los trabajadores. Ésta era una idea que también se volvió obsesiva en los discursos del general Cárdenas, que la esgrimió a cada momento; idea que los conflictos gremiales que tuvieron lugar, sobre todo durante los primeros años de su gobierno, le permitían reafirmar y reforzar. Las distintas organizaciones debían olvi­dar sus pugnas sindicales y unirse, conservando cada una su autonomía, participando en un frente con un programa común que fuera, incluso, una fuerza de atracción de todos, aquellos trabajadores que se encontraban dispersos, impulsando su organización sindicato

La tendencia a la organización a la unificación, que a partir de la recuperación económica había surgido entre los mismos trabajadores, con la propaganda de Cárdenas cobró un impulso enorme. Como escribió González Aparicio: "Todos los sectores populares dentro del régimen carde­nista han encontrado los cauces más adecuados para su organización." En efecto, Cárdenas preparó el terreno para la acción del Estado, que fue el promotor de la organización obrera y de los campesinos. A estos últimos los organizó directamente, asumiendo en sus propias manos y a través del PNR tal tarea; a los segundos les concedió facilidades y ayuda para comprometerlos con él. El presidente hizo tal cosa porque conocía las ventajas de la organización de los trabajadores. En su lucha por modernizar al país, acabando con el latifundismo e impulsando la industria­lización, Cárdenas, como representante del Estado, apeló a las masas y exigió su colaboración para poder emprender con fuerza una acción deci­siva que transformara las condiciones económicas del país, obligando a los patrones a someterse a las leyes y a los hacendados a aceptar las reso­luciones del gobierno, en lo que se refiere a la reforma agraria. Sin la colaboración de las masas de obreros y campesinos, "organizadas, disciplinadas y unificadas", Cárdenas pensaba que difícilmente podría imponerse el Estado por encima de todos los sectores sociales, principalmente los pri­vilegiados, y crear las bases necesarias al progreso de la economía del país.

Con la promoción de la organización de los trabajadores -y con su efectiva organización-- Cárdenas volvía más sólido y consistente el vínculo entre el Estado y las masas, pues al mismo tiempo que las ayudaba, exigía de ellas su solidaridad, su cooperación. De esta forma, la política de masas cardenista tendía a convertir al movimiento obrero y a los campesinos en una base social de apoyo, tal y como el gobierno de Obregón, y sobre todo el de Calles, lo habían hecho a través de la CROM La crisis política y la crisis económica que estallaron en las postrimerías de los años veinte habían disuelto los lazos que unían y sujetaban a los trabajadores res­pecto al Estado. La política de las nuevas fuerzas, al acercarse a las masas y reanudar la política de reformas sociales -salario mínimo- y el reparto de tierras, mostraba los intentos de los círculos gobernantes por atraerse a los trabajadores. La política de Cárdenas fue la que cerró el abismo que se había abierto entre el Estado y las masas, y otra vez éstas volvieron a ser organizadas "desde arriba" encauzadas en beneficio de los fines del Estado burgués mexicano. El contrato colectivo de trabajo y la cláu­sula de exclusión constituyeron armas poderosas mediante las cuales se obligaba a los obreros no sindicalizados a organizarse y someterse al ar­bitrio de las centrales y los sindicatos hegemónicos, protegidos por el Estado.

La organización y unificación de los trabajadores no sólo constituyó una base de apoyo al Estado que Cárdenas encabezaba, sino que permitió que desaparecieran las pugnas ínter gremiales que creaban perturbaciones en el aparato económico. Con los obreros dispersos en muchas organizaciones, que combaten por su preponderancia, la lucha se orienta hacia adentro, es decir, entre los mismos asalariados; las huelgas estallan por las pugnas, las fábricas paralizan su producción, los obreros dejan de percibir salarios y las pérdidas de los empresarios hacen que éstos eleven sus costos productivos. Esto retrasaba el desarrollo industrial, por lo que Cár­denas veía la necesidad de la unificación, del restablecimiento de la con­cordia entre los trabajadores. Por lo general, los capitalistas alentaban esos conflictos, sin percatarse bien de sus efectos en la producción, cre­yendo que así minaban y sometían a los trabajadores. Cárdenas, al pro­pugnar la organización y unificación de los trabajadores, paralelamente in­tentaba desvanecer la objeción de los industriales a esa política propugnada al hacerles ver que ellos también recibirán con la unificación el beneficio positivo de evitarse graves e innumerables perjuicios. Así, la producción podría marchar sin interrupciones.

En esta labor, la CTM fue esencial, pues sin ella difícilmente hubiera logrado el gobierno movilizar en su apoyo a cientos de miles de obreros. Cárdenas debió mucho de su poderío a las masas, pero las masas ganaron poco con ello. En el transcurso de las movilizaciones, las masas de trabajadores se politizaron aceleradamente, desterrando hasta las reminiscencias del anarcosindicalismo y de la intuición espontánea de los obreros rojos, sobre todo en lo que se refiere a la partici­pación política y a la lucha por su autonomía Mas la conciencia que fueron asumiendo fue una conciencia subordinada) que las volvió dependientes del Estado, encarnado con la figura de Lázaro Cárdenas. Los líderes obreros, encabezados por Lombardo Toledano, fueron los directos encargados no sólo de organizar a los trabajadores, sino de sujetarlos al dominio del Estado. Sin estos líderes que hicieron el trabajo menudo de organización y control, que prepararon a las masas, que las volvieron dispuestas a. escuchar a Cárdenas y a seguido, la política de masas cardenista no hubiera prosperado. Los trabajadores no participaron de manera consciente e independiente en el proceso cardenista, sino que fueron manipulados y controlados por el Estado.

Otra de las medidas importantes que el presidente Cárdenas asumió para combatir la miseria de los trabajadores, fue el acuerdo que obligaba a los empresarios a pagarles el séptimo día -el día de descanso- y que motivó la reforma de la Ley Federal del Trabajo. Esta fue, sin duda, la más importante de las reformas cardenistas orientadas a mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores; pues al aumentarse el ingreso de los obre­ros en más del dieciséis y medio por ciento, la demanda de mercancías creció en la misma proporción, lo que si no significaba mucho para las necesidades de la industria sí, por lo menos, constituía un alivio que per­mitiría que algunos "talleres que producen rutinariamente a costos muy elevados" pudieran ampliarse y modernizarse.

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